El 25 de julio de 1997, un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de California publicaba un artículo en la prestigiosa revista Science en el que se documentaba la existencia de un cataclismo de enormes proporciones que sufrió nuestro planeta en un período situado hace unos 550 millones de años y cuyo origen, en principio desconocido, cabría buscarlo en el impacto de un cuerpo procedente del espacio exterior. Dicho cataclismo, al parecer, habría desplazado la corteza exterior de la Tierra en relación con las capas internas. Como consecuencia de ello, el eje de rotación de la Tierra experimentó un giro de 90 grados, de manera que los polos norte y sur pasaron a situarse en el ecuador. Justo lo que durante años defendieron sin éxito Hapgood y Velikovsky.
Este fenómeno estaría totalmente diferenciado del proceso geológico interno de la Tierra conocido como la tectónica de placas. Lo que se habría producido, pues, habría sido un movimiento brusco y rápido de la corteza terrestre.